Metangel

miércoles, 25 de agosto de 2010

Tormenta solar del fin del mundo. ¿La Tormenta Perfecta?


















Imagen tomada el día 20 de agosto de 2010.- NASA-SDO


Desde hace unos meses, los científicos vienen advirtiendo de que el Sol ha despertado de un largo letargo y de que se prepara para una fase de intensa actividad jamás conocida hasta la fecha.

Estos movimientos solares provocan explosiones que, si llegan al suficiente grado de violencia, pueden dejar frita nuestra red eléctrica y desbaratar los sistemas de comunicaciones y de navegación por satélite.

Ya se han registrado algunas de estas erupciones con una fuerza inusitada, aunque sólo han sido una advertencia, un pequeño aperitivo de lo que parece nos va a llegar.

Ahora, una nueva e impresionante imagen del astro rey obtenida por la sonda de la NASA denominada Observatorio de Dinámica Solar (SDO), el pasado 20 de agosto, muestra algo muy poco tranquilizador, un agujero en la corona solar, una zona donde el campo magnético se abre y permite que el viento solar se escape.

Este agujero está girando hacia la Tierra, lo que podría producir una tormenta geomagnética que llegue a afectarnos.

El escenario podría ser cualquier gran ciudad de Europa, Estados Unidos o China, en cualquier día entre mayo y septiembre del año 2012 donde el cielo, de repente, aparecerá adornado con un gran manto de luces brillantes.

Da igual que no estemos cerca del Polo Norte, donde las auroras suelen ser comunes, podría tratarse perfectamente de Madrid, Nueva York, o Pekín y pasados unos segundos, las bombillas empiezan a parpadear, como si estuvieran a punto de fallar.

Después, por un breve instante, brillan con una intensidad inusitada... y se apagan para siempre, en menos de un minuto y medio, toda la ciudad, todo el país, todo el continente, toda La Tierra está completamente a oscuras y sin energía eléctrica.

Un año después, la situación no ha cambiado, sigue sin haber suministro y los muertos en las grandes ciudades se cuentan por millones, en todo el planeta está sucediendo lo mismo.

¿El causante del desastre? Una única y gran tormenta espacial, generada a más de 150 millones de kilómetros de distancia, en la superficie del Sol.

Conste que no abogo por una catástrofe, ni me pongo con los que predican el fin del mundo precisamente para el año 2012, aunque como ya he escrito en otras ocasiones, cuanta casualidad con los mayas, los Hopi y demás ancestros de míticas profecías del final de los tiempos.

Aunque todo lo expuesto sobre los efectos des Tormenta Perfecta, como digo, es exactamente lo que pasaría si el actual ciclo solar fuera sólo la mitad de violento de lo que se espera.

Así lo dice, sin tapujos, un informe extraordinario financiado por la NASA y publicado hace menos de un año por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, NAS.

¿Estamos realmente ante un posible desastre?, se trata de nuestra actual forma de vida, dependiente en todo y para todo de una tecnología cada vez más sofisticada y que resulta muy vulnerable a un peligro extraordinario: los inmensos chorros de plasma procedentes del Sol.

Un plasma capaz de freír en segundos toda nuestra red eléctrica, de la que nuestra tecnología depende, con consecuencias realmente catastróficas.

“Nos estamos acercando cada vez más hasta el borde de un posible desastre”, asegura Daniel Baker, un experto en clima espacial de la Universidad de Colorado en Boulder y jefe del comité de la –NAS- que ha elaborado el informe.

Según Baker, es difícil concebir que el Sol pueda enviar hasta la Tierra la energía necesaria para provocar este desastre, difícil, pero no imposible.

La superficie misma de nuestra estrella es una gran masa de plasma en movimiento, cargada con partículas de alta energía donde algunas de estas partículas escapan de la ardiente superficie para viajar a través del espacio en forma de viento solar.

De vez en cuando ese mismo viento se encarga de impulsar enormes globos de miles de millones de toneladas de plasma ardiente, enormes bolas de fuego que conocemos por el nombre de eyecciones de masa coronal y que si una de ellas alcanzara el campo magnético de la Tierra, las consecuencias serían catastróficas.

Nuestras redes eléctricas no están diseñadas para resistir esta clase de súbitas embestidas energéticas, así que a nadie le quepa duda de que esas embestidas se producen con cierta regularidad y desde que somos capaces de realizar medidas, sabemos que la peor tormenta solar de todos los tiempos se produjo el 2 de septiembre de 1859.

Conocida como “El evento Carrington”, por el astrónomo británico que lo midió, causó el colapso de las mayores redes mundiales de telégrafos, en aquella época, la energía eléctrica apenas si empezaba a utilizarse, por lo que los efectos de la tormenta casi no afectaron a la vida de los ciudadanos.

Pero resultan inimaginables los daños que podrían producirse en nuestra actual forma de vida si un hecho así sucediera en la actualidad.

Según el análisis de la –NAS-, millones de personas en todo el mundo no lograrían sobrevivir.

El informe subraya la existencia de dos grandes problemas de fondo: El primero es que las modernas redes eléctricas, diseñadas para operar a voltajes muy altos sobre áreas geográficas muy extensas, resultan especialmente vulnerables a esta clase de tormentas procedentes del Sol.

El segundo problema es la interdependencia de estas centrales con los sistemas básicos que garantizan nuestras vidas, como suministro de agua, tratamiento de aguas residuales, transporte de alimentos y mercancías, mercados financieros, red de telecomunicaciones... Muchos aspectos cruciales de nuestra existencia dependen de que no falle el suministro de energía eléctrica.

Ni agua ni transporte, justo al revés de lo que sucede con la mayor parte de los desastres naturales, éste afectaría mucho más a las sociedades más ricas y tecnológicas y mucho menos a las que se encuentran en vías de desarrollo.

Según el informe de la Academia Nacional de Ciencias norteamericana, una tormenta solar parecida a la de 1859 dejaría fuera de combate, sólo en Estados Unidos, a cerca de 300 de los mayores transformadores eléctricos del país en un periodo de tiempo de apenas 90 segundos, lo cual supondría dejar de golpe sin energía a más de 130 millones de ciudadanos norteamericanos.

Lo primero que escasearía sería el agua potable y las personas que vivieran en un apartamento alto serían las primeras en quedarse sin agua, ya que no funcionarían las bombas encargadas de impulsarla a los pisos superiores de los edificios.

Los demás tardarían un día en quedarse sin agua, ya que sin electricidad, una vez se consumiera la de las tuberías, sería imposible bombearla desde pantanos y depósitos, dejando de haber transporte eléctrico, ni trenes, ni red de metro, lo que dejaría inmovilizadas a millones de personas, estrangulando una de las principales vías de suministro de alimentos y mercancías a las grandes ciudades.

Los grandes hospitales, con sus generadores, podrían seguir dando servicio durante cerca de 72 horas, después de eso, adiós a la medicina moderna, scanner, tac, radiografías, cirugías, etc., etc.

El informe calcula que lo mismo sucedería con los oleoductos de gas natural y combustible, que necesitan energía eléctrica para funcionar, en cuanto a las centrales de carbón, quemarían sus reservas de combustible en menos de treinta días.

Unas reservas que, al estar paralizado el transporte por la falta de combustible, no podrían ser sustituidas y tampoco las centrales nucleares serían una solución, ya que están programadas para desconectarse automáticamente en cuanto se produzca una avería importante el las redes eléctricas y no volver a funcionar hasta que la electricidad se restablezca.

Sin calefacción ni refrigeración, la gente empezaría a morir en cuestión de días, siendo las primeras víctimas aquellas que dependen de un tratamiento médico.

El informe de la NAS cifra los costes de un evento Carrington en dos billones de dólares sólo durante el primer año (el impacto del Katrina se estimó entre 81 y 125 mil millones de dólares), y considera que el periodo de recuperación oscilaría entre los cuatro y los diez años.

Por supuesto que el informe no se limita a describir escenarios de pesadilla sólo en los Estados Unidos, pues ni Europa o China, se librarían de las desastrosas consecuencias de una tormenta geomagnética de gran intensidad.

La buena noticia, según dicho informe, es que si se dispusiera del tiempo suficiente, las compañías eléctricas podrían tomar precauciones, como ajustar voltajes y cargas en las redes, o restringir las transferencias de energía para evitar fallos en cascada, pero, ¿hay algún sistema de alertas que nos pueda avisar a tiempo?, por supuesto que los expertos de la –NAS- opinan que no.

Actualmente, las mejores indicaciones de una tormenta solar en camino proceden del satélite ACE (Advanced Composition Explorer), una nave lanzada en 1997 que sigue una órbita solar que la mantiene siempre entre el Sol y la Tierra, lo que significa que está enviando continuamente datos sobre la dirección y la velocidad de los vientos solares y otras emisiones de partículas cargadas que tengan como objetivo nuestro planeta.

ACE, podría avisarnos de la inminente llegada de un chorro de plasma como el de 1859 con un adelanto de entre 15 y 45 minutos, en teoría, 15 minutos es el tiempo que necesita una compañía eléctrica para prepararse ante una situación de emergencia, sin embargo, el estudio de los datos obtenidos durante el evento Carrington muestran que la eyección de masa coronal del año 1859 tardó bastante menos de 15 minutos en recorrer la distancia que hay desde el ACE hasta la Tierra.

Por no contar, además, que ACE tiene ya once años y que sigue trabajando a pesar de haber superado el periodo de actividad para el que había sido diseñado, algo que se nota en el funcionamiento, a veces defectuoso, de algunos de sus sensores, que se saturarían sin remedio ante un evento de esas proporciones, lo peor es que no existen planes para reemplazarlo.

Para Daniel Baker, que formó parte de una comisión que hace ya tres años alertó de los problemas de este satélite, «no tener una estrategia para sustituirlo cuando deje de funcionar es una completa locura», de hecho, otros satélites de observación solar, como el SOHO, no pueden proporcionarnos alertas tan inmediatas ni tan fiables como las de ACE.

Para Baker y los demás investigadores que han elaborado el informe, el mundo probablemente no hará nada para prevenirnos de los efectos de una tormenta solar devastadora hasta que ésta, efectivamente, suceda.

Algo que, según el informe, podría ocurrir mucho antes de lo que nadie imagina. “La tormenta solar perfecta”, de hecho, podría tener lugar durante la primavera o el otoño de un año con alta actividad solar, como se espera sea el año 2012.

Y es precisamente en esos periodos, cerca de los equinoccios, cuando serían más dañinas para nosotros, ya que es entonces cuando la orientación del campo magnético terrestre, el escudo que nos protege de los vientos solares, es más vulnerable a los bombardeos de plasma solar.

Así las cosas, ¿Qué debemos hacer los mortales de a pie?, ¿seguimos nuestra vida como si tal cosa?, ¿esperamos para ver si realmente la amenaza se cumple?, ¿tenemos otra opción que esa temible espera?

Queridos lectores, no es fácil digerir este tipo de noticias, las cuales por cierto y por suerte para el común de los mortales, los cuales no se van a enterar nunca de estos acontecimientos hasta la hipotética llegada, siguiendo con su vida cotidiana y los que estamos al tanto de ello, pues imagino que nos va a dar igual, pues cuando llegue la catástrofe, si es que llega, unos y otros la sufriremos en la misma medida.

Espero y deseo que no lo veamos en nuestro tiempo.

Metangel.

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