Metangel

lunes, 13 de diciembre de 2010

¿Sistema solar que no debería existir?


Con su sola presencia desafía todo lo que los astrónomos saben y no encuentran explicación alguna, lo cierto es que ahí está.

Según los conocimientos actuales, el sistema planetario HR 8799, sencillamente, no debería de existir. Y sin embargo ahí está, fotografiado con todo detalle y desafiando con su sola presencia lo que los astrónomos saben, o creen saber, sobre la formación de nuevos mundos alrededor de las estrellas. Ahora, los investigadores han encontrado un nuevo mundo, el cuarto, alrededor de este enigmático sistema. Su hallazgo se publica hoy en Nature.

HR 8799 es, en efecto, uno de los primeros sistemas solares lejanos de los que se han podido obtener imágenes directas. Fue en 2008 cuando Christian Marois, del Instituto de Astrofísica Herzberg, en Canadá, consiguió la primera imagen de este sistema, a 130 años luz de la Tierra, que si lo pasamos a Km. nos da la friolera de 1.325 billones, como para acerarnos en un fin de semana y volver.

Y descubrió en él tres planetas gigantes. Ahora, utilizando el telescopio Keck II, en Hawaii, el mismo equipo ha vuelto a "visitar" el lugar y ha descubierto un cuarto mundo alrededor de la misma estrella. Se trata de otro gigante y, al igual que sus compañeros, forma parte de un sistema solar que nuestra ciencia considera, hoy por hoy, imposible.

Tiene un brillo especial.

El nuevo planeta, denominado HR 8799e orbita a una distancia de su estrella de 14, 5 Unidades Astronómicas (una UA es la distancia que hay entre la Tierra y el Sol, cerca de 150 millones de Km.), o lo que es lo mismo 2.175 millones de kilómetros, (para que os hagáis una idea el planeta Urano está a unos 2.500 millones de kilómetros de nuestro Sol).

Lo que hace de este nuevo mundo el más interior de los cuatro planetas descubiertos en el sistema, los demás, en efecto, orbitan a distancias superiores a las 25 UA. que pasado a Km. nos salen 3.750 millones.

La imagen, que aparece junto a este texto, ha sido obtenida en el rango del infrarrojo, en el que los mundos de este lejano sistema solar brillan con especial intensidad, de hecho, se trata de un sistema relativamente joven (menos de cien millones de años) y sus mundos emiten aún grandes cantidades de calor, fácilmente detectable en la zona infrarroja del espectro electromagnético.

Y es precisamente la juventud de estos cuatro planetas lo que trae de cabeza a los investigadores. La razón es que su existencia no puede explicarse con las dos principales teorías de formación planetaria. La primera sostiene que esta clase de mundos se forma a partir de un único y gran colapso que crea toda la masa del planeta de una vez. La segunda, sin embargo, sostiene que el colapso inicial forma pequeños núcleos que después van creciendo a base de agregar los materiales y gases circundantes.

Desafío a lo conocido, que por supuesto es muy poco.

Pero el descubrimiento de este nuevo mundo desafía ambas teorías por igual. Según la primera hipótesis, el planeta recién descubierto habría tardado en formarse más del triple de la edad que tiene su sistema, algo que no es posible. Según la segunda, la gravedad de la estrella no habría permitido la formación de un mundo tan grande.

HR 8799e tiene diez veces la masa de Júpiter y si se hubiera formado in situ y de una sola vez, en el mismo lugar en que se encuentra, las perturbaciones gravitatorias de su estrella habrían impedido, sin lugar a dudas, el proceso. De hecho, que sepamos, dichas perturbaciones no permiten la formación de gigantes gaseosos a distancias inferiores a las 20 UA

Según el propio Marois, "ninguna de las teorías existentes puede explicar la formación in situ de estos cuatro planetas". Sin embargo, opina el científico, se podría utilizar una combinación de ambos métodos para explicar la existencia de un sistema como éste. Los astrónomos han encontrado en HR 8799 varios cinturones de polvo y fragmentos, lo que puede ayudarles a determinar lo que sucedió.

Para los investigadores, por lo tanto, hay dos posibilidades: o el planeta "e" era inicialmente mucho mas pequeño y ha ido creciendo (aunque de una forma mucho más rápida de lo que indica la teoría) o bien se formó en otro sitio y ha "emigrado" hasta su posición actual.

Como veis queridos lectores la respuesta correcta, por ahora, no se conoce y me temo que nunca la conoceremos, pues es tanto lo que nos queda por descubrir, que mientras no cambiemos los parámetros de nuestro cerebro y nuestra mente, como digo, los seres humanos como buenos pensadores, nos pasamos la vida exponiendo teorías y tratando de buscar unos resultados, que en primer lugar, nos convenzan a nosotros mismos.

Y es que para sopesar cualquier cuestión, lo primero que hacemos es buscar una medida, un volumen, una definición para que ese algo entre en nuestros parámetros de raciocinio.

Y cuando a ese “algo”, no le podemos poner medida, hablo sobre todo de la clase científica, como digo, es cuando aparecen los problemas. ¿Cómo definir algo que no podemos medir y estructurar?, las cosas parece ser que tienen arreglo, se le pone cualquier nombre y a otra cosa, como bien queda dicho sobre el nuevo planeta, “se formaría en otro sitio, o ha emigrado”.

¡Pero amigos!, en los tiempos que estamos, en éste ya nuevo milenio me pregunto, ¿cómo podemos estar todavía ligados a los conceptos newtonianos y mecanicistas?, ¿no estamos ya en la era de las energías y de los conceptos cuánticos?, ¿cuándo se va a poner en marcha el hombre emergente?, ¿cuándo vamos a dar ese paso para ocupar el lugar que nos corresponde como humanidad?

Las diferentes ramas de la ciencia tienen que dar ya ese primer paso, es cierto que hay vagos intentos por parte de algunos profesionales, tanto de la medicina, de la física, de la biología etc., pero creo que no es suficiente y como digo nos quedaremos constantemente sin muchas respuestas, aunque todo ello lo comprenderemos en otro tiempo de El Tiempo.

Metangel.

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