Metangel

MISTERIOS DE LA HISTORIA



LAS IDEAS OCULTISTAS DE COLON.

Colón, compartía el espíritu dualista de su época, por sus escritos podríamos deducir que era un ferviente religioso rayando en el misticismo esotérico, pero a la vez era un hombre con una excepcional preparación intelectual. No solo sabía de astronomía, álgebra, geografía y naturalismo, sino que además era un asiduo lector de la Biblia y la Cábala. Para un católico, el acceso a las Sagradas Escrituras en la lengua vernácula era algo muy difícil, esto hizo que algunos pensaran que Colón era Judío. Sin embargo, dicha idea, por el momento carece de los fundamentos documentales adecuados.

Por sus escritos, se deduce que Colón era católico romano, pero analizando sus notas, da la impresión que si hubiera sido moro o judío hubiese pensado y actuado de la misma manera. Colón además compartía las ideas milenaristas de su tiempo. Desde el siglo XII, la cristiandad había tenido oleadas de especulaciones apocalípticas, esperando el fin del mundo y un reino glorioso de mil años. Esta creencia ya había tenido su origen en el Israel antiguo y lo habían heredado los padres de la iglesia.

El fraile Juan Pérez, era un miembro de una logia española que abogaba por estas ideas influidos por Joaquín de Fione, un antiguo abate calabres. Para el siglo XIII, esta orden había mandado un grupo de misioneros a Pekín, junto con el mensaje de que había llegado la última época de la humanidad. Teniendo como guías a San Agustín y a Pierre d’Ailly, Colón calculó que de los 6000 años que duraría el mundo, solo quedaban 155 años, un período corto que apenas le alcanzaría para convertir al cristianismo al resto de la humanidad.
El escribió: "ya dise que para(...) la inpresa de las indias no me aprovecho razón ni mapamundi ni matemática; llanamente se cumplió Isaías"(diario, 21 de octubre de 1492).

El quería encontrar al Gran Kan, ya que el diario de Marco Polo decía que " el emperador Chino mandó sabios para que se les enseñe la fe de Cristo"(Carta a los Reyes, 7 de julio de 1503). Colón pretendía abrir el camino para que se cumplieran los sueños de Marco Polo y se llevaran a la practica las profecías evangelistas de Mateo 24:14 de una predicación mundial antes del fin.

El propósito religioso de Colon está fuera de toda duda. En una carta al Papa escribe: "yo espero de aquel Eterno Dios la victoria d’esta como de todo el pasado (...) yo espero en Nuestro Señor de divulgar su santo nombre y evangelio en el universo" (Carta al Papa Alejandro VI, Febrero de 1502). Profundamente convencido de su misión divina se consideró un místico elegido, era un cruzado, si hubiese nacido antes hubiera ido a liberar a Jerusalén. La mentalidad mítica de Colón lo llevo a tener una corriente de pensamiento que podría llamar finalista. Es decir, los signos (sucesos históricos, naturales o fortuitos) son tomados como símbolos que confirman creencias y esperanzas basadas en el indicio final.

Por ejemplo, Colón, veía símbolos en todas partes, el vuelo de un ave, un naufragio o el salto de un pez; todo indicaba "finalmente" su misión divina, hasta en la grafía de su nombre. Esto explicaría los frecuentes cambios en su firma que se ven en los diversos documentos. Según él, se debía cambiar el nombre para adaptarlo a determinados trabajos que le asignara la providencia. Este es un pensamiento muy antiguo. Tanto la Biblia, como la Cábala y la metafísica aristotélica, dan a entender que el nombre se debe convertir según el oficio y propiedades de las cosas. Vale decir, que cambiando el nombre, el poseedor cambia de naturaleza. Este pensamiento se fundamenta en Isaías 43:1 "te puse nombre y eres mío"(hablándole Dios a Israel).

Por ejemplo, "Cristóbal"(Chistum Ferens) significa "el traedor o llevador de Cristo", así como afirmaba algunas veces. Con este símbolo, Colón quiso justificar divinamente su misión de abrir las compuertas del océano y llevar a Cristo a zonas remotas. Colón, significa "el poblador nuevo", fue un predicador de las almas, en su nombre se conjuga el evangelizador y el poblador. Tal como el tetragrámaton (las cuatro letras hebreas que forman el nombre de Dios), quedó oculto para siempre debido a que se perdió su pronunciación; al mejor estilo cabalista Colón trató de dar un significado esotérico a su firma. Tuvo muchos recaudos al expresar su rúbrica, tal vez guardaba un secreto; enigma que aún no pudo ser descifrado.

Cuando heredó esta firma a su descendencia escribió lo siguiente en su diario del 22 de febrero de 1498: "Don Diego, mi hijo, o cualquier otro que herede este mayorazgo (...) firme mi firma, la cual agora acostumbrado que es una X con una S ensima y una M como una A romana ensima y ensima de esta la S, y después una Y griega con la S ensima y sus rayas y virgulas". Hasta los puntos están cuidadosamente ornamentados . El nombrar o dar nombre fue muy importante para Colón, al igual que el Adán bíblico quiso dar nuevas denominaciones a cada una de las cosas que iba descubriendo en el nuevo mundo. DIOS, EL HOMBRE, LOS MITOS Y LA NATURALEZA Colón escribió al margen de la "Geografía de Tolomeo": "Admirable es lo arremetido tumultuoso mar. Admirable es Dios en las profundidades".

En su visión del mundo, no solo anhelaba predicar el evangelio, su espíritu estaba ligado a la relación con el creador por medio de observar su vasta obra. Vale decir, que sus metas se cumplían a cada paso, en el cielo, en las aguas y en las profundidades llenas de misterios. No había día que no hiciera anotaciones sobre las estrellas, los vientos y las tormentas e interpretara en ella designios del supremo; quería conocer "los secretos del mundo".

En el diario de su primer viaje revela la atención constante a los fenómenos naturales. Los peces, los pájaros, los animales y las plantas son los verdaderos protagonistas de su odisea. Nos cuenta de extraordinarios animales marinos y de árboles muy deformes donde de cada una de las ramas surgen una gran variedad de especies. Durante el tercer periplo, hace una escala en Cabo Verde donde nos describe con lujo de detalles la vida de las inmensas tortugas de agua. Hasta nos da una clase explicativa sobre el origen de las perlas similar a la que expresó Plinio.

En su concepción medieval, el océano estaba plagado de seres monstruosos, para el solo eran los que describía la Biblia en Job 41:1: "¿Sacaras tú a leviathan con anzuelo..." (V.V.). Sin faltar alusiones a los cíclopes y a los hombres con cola, en el diario del 9 de enero de 1493 dice que " vio tres sirenas que salían bien a la mar"; por supuesto, no le faltó el toque que caracterizaba a un hombre del modernismo cuando agregó: "pero no eran tan hermosas como las pintan".

Colón era un finalista, dedujo por inducción que para que exista un equilibrio en el globo debía haber una cuarta tierra, él apostó por un conocimiento a priori y ganó. No descubrió América, la encontró; en su corazón, siempre supo que estaba allí. Colón fue movido por una dimensión existencial que no tuvieron otros conquistadores posteriores, la fe. "Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven, por ella alcanzaron testimonio los antiguos"

Para el hombre moderno, las razones para viajar a América fueron, el afán de lucro y la trascendencia personal. La fe para ellos era solo una excusa, para él, un hombre medieval, a veces; fue la razón. Bien escribió Colón en el prefacio del "Libro de las Profecías de l501: "San Pedro cuando salió a la mar anduvo sobre ella en cuanto la fe firme. Quien toviera tanta fe (...) le obedecerían las montañas"... y descubriría nuevos mundos.